martes, 9 de junio de 2015

Escalofriantes leyendas de terror




Cuenta la leyenda que hace muchos años una bella enfermera se preparaba a contraer nupcias con un joven médico, ambos trabajaban en el hospital Arzobispo Loayza, de Lima, la capital peruana. La fecha de la boda estaba cerca y el novio viajó a su ciudad natal para invitar a sus familiares. En el trayecto ocurrió un accidente de tráfico en el cual el apuesto médico perdió la vida. Al enterarse de la noticia la bella enfermera que se encontraba de guardia en una fría noche limeña, decidió suicidarse. Por aquella época, el hospital se estaba implementando de nuevos pabellones, con lo cual tenía maquinaria de construcción de la época.
 La enfermera que trabajaba en una segunda planta decidió tirarse al vacío y así acabar con su vida; así sucedió y con tal coincidencia cayó sobre unos hierros que acababan en punta, los cuales le quitaron la cabeza literalmente. Allí quedó muerta la bella joven enfermera sin cabeza. Pasado el tiempo, aún se le ve caminar por los pabellones de dicho hospital.
 Algunos pacientes juran haber sido atendidos por una enfermera de traje blanco resplandeciente y capa de terciopelo azul, cuando en realidad ahora las enfermeras en el Perú no llevan capa azul… Algunas personas dicen no haber podido verle la cara, y desde esos fenómenos se ha creado la historia de la enfermera sin cabeza… Misterio, regreso del más allá.




La leyenda de la historia de Verónica: Vanessa, es una joven de Gijón que estudia Terapia ocupacional en la Universidad de Talavera. Junto con otras dos chicas alquiló un piso en la calle de los Templarios para que los gastos fueran menores. Durante el segundo curso, Vanessa suspendió dos asignaturas y sus padres le enviaron el mes de agosto para estudiar. Una noche de verano en la que estaba sola, cuatro golpes secos sonaron a su puerta. Vanessa creyó que se trataba de algún amigo con el que podría salir a tomarse una copa, pero se trataba de una niña de alrededor de siete años. La niña, de hermosos tirabuzones rubios y grandes ojos castaños miró a Vanessa y le dijo que se había perdido. Vanessa le dejó entrar, le preparó un vaso de leche y le dijo que irian a la policía. Verónica le rogó que no lo hiciera esa noche pues tenía mucho sueño y quería dormir. Vanessa accedió y le preparó la cama. Por la mañana temprano cuando Vanessa iba a llevarla a la policía, entró en el cuarto y vió que la niña, llamada Verónica, no estaba. Un año después en idéntica situación, la niña volvió a aparecer. Parecía que no había crecido nada. De nuevo Vanessa le preparó la cena y le dejó dormir pero al día siguiente Verónica volvió a desaparecer sin dejar rastro. Vanessa fue a la policía y dió todos los datos de la chiquilla pero no se habían producido denuncias ni nadie había reclamado una desaparición. Tras dar muchas vueltas, Vanessa llegó al Hospital de San Prudencio. Un hospicio para niños y niñas huérfanos. Allí la madre Sonsoles, le explicó que no tenían ninguna niña de esas características. Justo cuando se disponía a salir Vanessa del lugar, otra monja llegó con un calendario de dos cursos atrás. Allí estaba la foto de Verónica, tal y como Vanessa le había visto. - Sí ¡es ella! - gritó. Las dos monjas se miraron extrañadas - Verónica murió hace dos años. Aquella noche, cuatro golpes secos sonaron en la puerta de Vanessa. La muchacha observó por la mirilla de la puerta. Allí estaba de nuevo Verónica, con los brazos cruzados y cara de enfadada. - Has tardado mucho en abrirme, tengo hambre y sueño - Dijo la niña. Vanessa aterrada preparó todo como lo había hecho habitualmente. Cuando acostó a Verónica no pudo soportar el terror y entró despacio a su habitación. La niña estaba totalmente arropada. Vanessa retiró la sábana y bajo ella, como un suspiro pareció desvanecerse un cuerpecito en una nube. Sobre la almohada, con letra infantil y varias faltas había una nota "Gracias por la leche y los dulces, ahora tengo que llevarme al infierno a las otras tres chicas que no me dejaron entrar a sus casas.





También llamado lobisón, lobisonte o lobisome, es el séptimo hijo varón de una prole
exclusivamente masculina (la séptima hija mujer, menor de siete hermanas, será asimismo una bruja), quien los días martes y viernes, sobre todo de los meses impares, sufre una escalofriante transformación: de ser un hombre alto, escuálido, de aspecto negligente y fuerte hedor, deviene una cruza entre perro y lobo, siempre de color oscuro como las tinieblas, que se alimenta de carroña, excrementos, carne de niños y de mujeres jóvenes (por alguna razón, parece sentir poco apetito por los adultos).

 El lobisón extiende sus dominios por las provincias de la Mesopotamia argentina (Entre Ríos, Corrientes y Misiones, ubicadas en el sector noreste del país), así como también partes del sur del Brasil.

La única defensa contra el lobizón son las armas, blancas o de fuego, pero bendecidas. Si es herido, se arrastra hasta su cubil, en el que se desangra y muere tras recuperar su forma humana.





El Payaso en la Ventana  
 
Mi nombre es Michelle Almendra. Esta historia ocurrió en 1992, cuando tenía unos 11 años de edad. Vivíamos en 18.970 Bechard Place en Cerritos, CA, en una casa de dos pisos de dos niveles donde yo y mi hermano (Dylan) dormía en las habitaciones vecino de arriba. Mi hermano era conocido por su gran imaginación y que constantemente inventar historias, pero en realidad estaba durmiendo cuando ocurrió este incidente en particular. Antes de entrar en detalles explicando lo que pasó esa noche, te diré que mi hermano en realidad afirmó que no tenía un "payaso" amigo imaginario y constantemente se refería a él como si fuera un humano real, incluso ofreciéndole comida en la cena. Normalmente me pareció como un mero gesto infantil a mi y mi madre. 7 de febrero-Viernes Mi hermano me despertó en medio de la noche, alegando que un payaso estaba "jugando al escondite" con él desde la ventana de su dormitorio y me dijo que era "más divertido con más gente". No tenía ni idea de lo que estaba hablando y estaba sinceramente asustado, pero yo sostuve su mano, encendí las luces, y entré en su dormitorio. "¡Mira!" -exclamó, señalando a la ventana. "Es el payaso!" Él se quedó allí, apuntando, riendo, pero yo estaba completamente estupefacto. Nadie estaba en la ventana y, aún cuando afirmó el payaso estaba hablando, yo no podía oír nada. Supuse que era más que dormir, hablando y le hizo señas a la cama, asegurándole que no había nadie allí. Poco más de media hora más tarde, entró en mi habitación y se quedó en la puerta sin moverse. Cuando rompí con él, saltó hacia atrás y afirmó una vez más que un payaso estaba en la ventana y que necesitaba mi ayuda, porque al parecer no lo dejaba en paz. En este punto, yo estaba un poco más molestaba que asustado. Entré en su habitación de nuevo y dijo en broma,"Be Gone! Usted no es querido aquí, payaso!" De repente, sin embargo, hubo un fuerte golpe en la ventana, que posteriormente se despertó mi hermano. Los dos de nosotros tanto nos apresuramos a bajar la escalera, como el estruendo continuó. Nuestras voces asustadas, de repente se despertó mi madre, que se sentó en la cama cuando los dos entraron en la puerta del dormitorio. "¿Qué pasa?" -preguntó con nerviosismo. Los dos tratamos de explicar el incidente, pero estábamos sin aliento y demasiado asustados para hablar coherentemente. En cambio, la arrastró por la habitación y exigimos que vienen arriba con nosotros. Para entonces, sin embargo, los golpes ya había terminado. Nos explicó a los dos lo que había sucedido en este punto, y nos dio una expresión de preocupación. Ella nos explicó que cuando tenía nuestra edad, sus hermanas mayores jugaron una broma a ella por acarreo a bajar al sótano. Cuando ella había relevado a sí misma de pánico y se dejó caer en el suelo, un payaso apareció de repente, mirando sobre ella desde una ventana lateral, y comenzó a murmurar en voz baja. Los Escalofríos me atravesaron como ella nos contó su encuentro y, para ser honesto, esta fue la primera vez que he tenido tanto miedo sin esperanza. Salimos poco después y nunca he tenido ningún incidente desde entonces, pero los dos estábamos bastantemente en estado de shock.



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¿Y tu sabes alguna?

Realizado por: Marianne Gomez, Ximena Cuellar, Alberto Mendoza y Kevin Cruz